Balonazo de los que pican, por Felipe del Campo

Egoísta, chuleta, chupón,

ególatra, mal

compañero, pesetero,

agresivo, desequilibrado,

rompevestuario,

fiestero, anti español, narcisista,

cuentista y llorón.

Todo esto ha tenido que escuchar

el mejor jugador de

la historia del Real Madrid.

Al mismo nivel que Don

Alfredo y muy por encima

de Gento, Puskas, Raúl,

Kopa, Amancio, Butragueño,

Zidane o Hugo

Sánchez.

Se le señalaba como

ejemplo de cobardía y traición.

Una suerte de futbolista

codicioso que sólo

pensaba en él. Un fichaje

caro y desmedido. Un error

histórico. Rendidos a la evidencia,

las críticas de sus

adversarios lanzadas con

astucia han fracasado en

su legítima, pero pueril estrategia.

La marcha de

Cristiano Ronaldo desarmaría

al Real Madrid. El

tiempo les hubiera dado la

razón.

Incluyo como voceros

de este escrache mediático

a cierto sector del Bernabéu

que silbó al mejor

futbolista desde Di Stéfano

que ha vestido con la

camiseta del Madrid. Socios

y aficionados inconscientes

que, contagiados

por un runrún mediático,

quisieron descabalgar a

Cristiano del equipo blanco.

Se pidió su cabeza

cuando expresó su tristeza

y se aconsejó a Florentino

no hacer la mejor gestión

mundial del mercado

de verano. Su renovación.

En estas noches de frío,

en las que se evocan los

partidos de parque y cemento,

cuando llegaba el

momento de sacar el balón

aparecía ese cuero anaranjado

con sarpullido hiriente

que explotaba en la

cara, los brazos o las piernas.

Ese balón picaba, con

efecto duradero. Sólo los

que han sentido ese aguijonazo

saben de lo que se

trata.

Cristiano ha hecho muy

feliz a todos sus seguidores,

madridistas o no, portugueses

o no, y a los críticos

que ahora se esconden

entre las alcantarillas de

la desmemoria les ha regalado

un balonazo a trallón

que les picará a escondidas

durante mucho tiempo.

Lo merecen.

@felipedelcampo (in Marca de 14JAN14)

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